Mantener alta nuestra energía

Hemos oído repetidamente y ahora mucho más porque está de moda, hablar de la alta vibración y de la energía vital, pero creo que a veces no somos del todo conscientes de lo que significa y de cómo nos afecta de verdad mantenerla en buenas condiciones, ni cómo hacer que suba ni qué hace que se nos baje.

La energía vital es algo así como la tensión, que de repente vamos al médico y la tenemos altísima y no nos hemos dado ni cuenta, excepto quizá por unas leves señales previas a las que no hemos hecho ni caso. Cuando más tarde revisamos nuestra calidad de la vida, nuestros valores y preferencias, ahí sí podremos entender cómo hemos llegado a esa situación. Nuestra querida niña Mafalda nos apunta: «lo urgente no deja tiempo para lo importante».

En este caso es lo mismo pero al revés, hay muchas más posibilidades de que la energía se nos vaya sin darnos cuenta, a que la mantengamos en un tono vital ya no óptimo sino al menos aceptable. Mantener nuestro nivel energético en buenas condiciones es más importante de lo que parece, tiene múltiples ventajas, y la de menos es nuestra energía física.

Pero vayamos poco a poco. Aunque sólo seamos capaces de ver la parte más densa de nosotros mismos, la que podemos ver y tocar, estamos compuestos por algo más y eso «de más» también es real y conforma y condiciona de una manera determinante nuestro Yo total y completo.

Básicamente estamos formados por 4 cuerpos. Como una muñeca rusa cada uno engloba al siguiente, tiene mayor vibración, contiene más información y controla e influencia a los que están dentro de él:

El cuerpo mental, donde se sitúan nuestros pensamientos, nuestras creencias, educación, valores, patrones de conducta, aprendizaje, nuestra personalidad y en definitiva nuestro ego.

El cuerpo sentimental deriva de éste. Como su nombre indica, senti-mental, es solamente una proyección de nuestros pensamientos en el cuerpo, una expresión a más bajo nivel de vibración de su creador, la mente. «Cambia un pensamiento y el sentimiento que genera cambiará con él».

El cuerpo físico, el más denso, interactúa con el medio de una manera más concreta. Allí se plasman todas las consecuencias a un nivel más tangible, más evidente. Con él percibimos y recibimos las señales externas, interactuamos, nos relacionamos y nos nutrimos.

Por encima de todos ellos está la mente superior o el cuerpo de consciencia. Ahí se acomodan los valores más sutiles y de más alta vibración, la intuición, la percepción, la verdad, las sensaciones que nos llenan el corazón. Está más cercana a la fuente, a la energía que lo conforma todo, por tanto de ahí podemos extraer la conexión con lo esencial de la vida, la felicidad, la alegría, el amor…

Como la vibración va de arriba a abajo, de lo superior a lo inferior, de la más alta a la más baja, esta energía modifica todos los patrones, tiene el poder de cambiar, de transformarlo todo. Nuestro campo de la consciencia engloba y nutre al resto, actúa de una manera sutil, tranquila, sin que nos demos cuenta, pero eficaz y contundente. Genera cambios a un nivel profundo, va rompiendo esquemas, agrietando la mente, provocando roturas con lo viejo, abriendo la posibilidad a nuevas puertas hasta ahora impensables, creando necesidad de cambiar algunas cosas de nuestra vida,… es como si de repente fuéramos accediendo a otro estado de consciencia, que en realidad es eso, lo que pasa es que no nos damos ni cuenta, parece como si no pasara nada, pero de repente un día, sentimos que lo que tenemos ya no nos vale.

Pero por otro lado, cualquier cambio también depende de él, de que haya una variación en sus esquemas, en la intención, la atención en lo más sutil que conforma nuestra existencia, en lo no visible pero determinante para que todo funcione correctamente. Una ley inquebrantable y evidente es que si algo no lo vacías no lo puedes llenar y por ende, todo lo que está vacío se llena de algo y tu eliges de qué, pero en cuanto se vacíe, de algo se rellenará. Puede ser de más de lo mismo, atrayendo de nuevo relaciones similares, trabajos parecidos, mismos conflictos con nuestro entorno, una similar manera de percibir el mundo que nos rodea… o diferente, todo depende de nosotros y de nadie más.

Una pregunta que de entrada nos debemos hacer es si de verdad queremos cambiar algo en nuestra vida, si queremos que las cosas vayan mejor, si queremos dar un paso adelante, reconocer, si es el caso, que no nos sentimos a gusto y si confiamos en esa mirada interior nuestra que nos dice que va a ser así. Y después de ello, qué estamos dispuestos a dejar atrás, a soltar, a vaciar, porque una de las cosas importantes que nos impiden vibrar más alto y con ello sentirnos mejor, son las situaciones, los objetos y las personas que nos hacen vibrar más bajo, a las que estamos enganchadas, las que nos chupan nuestra energía con pensamientos, comportamientos, creencias, actitudes, … con todo aquello ya viejo, caduco, que nos lastra y nos mantiene ahí, densos, espesos, llenos de miedo, y éste enmascarado de pereza, duda, obcecación, prioridades equivocadas, materialismo, culpa, preocupación, … la lista es francamente demoledora.

Mantener alta nuestra energía no es sólo estar más dinámicos y activos, es tener la mente en la disposición adecuada para discernir, para escoger bien, para estar en lo realmente importante, en lo que nos da paz y alegría. Es estar más pendiente de uno mismo que de los otros, fijarse más en lo «bueno» que en lo «malo», más de aceptar que de juzgar, de soltar que de agarrar. Es mantener una vigilancia estrecha de nuestra mente para que no se nos vaya y nos domine con sus miedos y dudas, con su enfermiza necesidad de que todo siga igual, que nada cambie, no vaya a ser que deje de ser yo mismo y… ¿Y?

Cuando estamos con un nivel alto de vibración miramos hacia arriba, ponemos la vista en el cielo cuando conducimos y vemos las nubes y el sol. Si estamos densos estamos pendientes del coche de al lado que se nos quiere meter y nos quiere adelantar y le pitamos y nos pone mala cara y nosotros a él y luego no podemos aparcar y vamos con prisa y el semáforo se pone en rojo, y…. todo sale ¿cómo? como estemos, ¿cómo si no?

En el últimos seminario al que asistí nos dieron unas recomendaciones para cuidar el buen estado de nuestra energía que me parecen muy interesantes y las comparto y comento:

Comida vegetariana.

Quizá ese sería el final del camino, para el que lo quiera, pero es un camino que se avanza paso a paso. El primero es tomar consciencia de que aparte de disfrutar con el placer de la comida, como de cualquier otro, también hay que poner un poco más de intención si queremos avanzar algo. Con el alimento también nos nutrimos, damos vida a nuestras células y nuestros órganos, los que tienen que funcionar para que nuestro cuerpo no nos de la lata. Luego nos quejaremos cuando dejen de ir bien.

Se empieza por cuidarnos un poco, ir eliminando lo que sabemos que a nuestro cuerpo no le gusta nada, sólo a nuestro paladar. Escucharle un poco que también soy yo. Fritos, dulces, productos refinados e industriales, drogas, … y cambiarlo por lo que sabemos que nos nutre. No querer dejar de comer animales no exime de otros cuidados. Mimarnos un poco más, ese es el primer paso, reconocernos también ahí y apreciar lo que supone para que nos permita hacer todo lo que queremos.

Alimento espiritual.

Por alimento espiritual entendemos todo lo que eleve el alma, la nutra, nos aporte una sonrisa y en definitiva provoque alegría, paz, todas aquellas sensaciones que nos dejan buen sabor de boca. Películas, libros, vídeos, conferencias, cursos, conversaciones…

Y eliminar esos telediarios con noticias continuamente trágicas, programas basura, cotilleos, debates en lo que sólo gritan, películas de violencia gratuita, … o si nos gustan, ser al menos capaces de verlo con absoluto desapego, sin poner esa carga emocional que nos quita la paz. El peso que llevan adosada las catástrofes sobre las que no podemos hacer nada, nos llena de frustración, impotencia e ira que acumulamos en nuestra propia mochila y que no consigue más que hacernos sentir inútilmente peor.

Meditación.

La meditación o cualquier momento de paz con nosotros mismos, de silencio, en el que desconectamos con lo de abajo y conectamos con lo de arriba, con lo sutil, con nuestra esencia, esa que se encuentra donde no podemos verla, en el espacio entre pensamiento y pensamiento, en la consciencia del que piensa y no en el pensamiento en sí. Un ratito de vaciar la mente nos hace centrarnos más en la vida, nos aporta esa conexión tan difícil de lograr con el presente, con el momento, con lo real de lo no tangible.

También caminar sosegados, evitar la prisa innecesaria, practicar la meditación activa, el estar plenamente conscientes de lo que estamos haciendo en cada instante sin irnos con la mente a otro lado ni hacer varias cosas a la vez. Es también quitarnos las orejeras y conectar con el mundo, observar lo que hay a nuestro alrededor mientras hacemos cualquier actividad, sacarle el máximo partido a cada instante.

Comportamiento positivo.

El comportamiento positivo es fácil de entender pero todavía más fácil de aplicar. Es ceder el paso con el coche, es dar las gracias a quien nos da algo, pedir las cosas por favor, sonreír a las personas, tratar con respeto a los que nos «sirven», ser humilde, razonable, atento, educado. Es una intención en lograr que nuestros actos y nuestras palabras sean de buena calidad y vayamos dejando un rastro de simpatía y amabilidad.

Y evitar todo lo contrario, llenar nuestro círculo de influencia con nuestra carga emocional, impregnar a los demás de nuestros conflictos, incluso hacerles responsables, envidiar su felicidad e intentar arrebatársela o saboteársela, hablar sólo de tragedias, cotillear, intentar convencer, imponer, … Ya sabemos de qué estamos hablando, es dar lo que nos gustaría obtener de los demás. Estar pendientes de nuestro pensamientos y actitudes para que si éstos ocasionalmente no son de calidad, al menos no afecten a los que están en nuestro círculo de influencia.

Servicio a los demás.

La ayuda al que lo necesita, el apoyo, una simple y sincera escucha activa, la sola presencia con una sana actitud. El servicio es un elemento que nutre ese cuerpo superior de conciencia de amor incondicional, es conectarse con la fuente de una manera sutil, sin esperar, sólo dando. La ley de la compensación hará el resto y nos devolverá lo que necesitemos, lo que nos sea útil. Si esperamos recibir algo por nuestros actos o si pretendemos que nuestra petición «a cambio» sea escuchada, estaremos equivocándonos. Lo que queremos a veces no es lo mejor par nosotros y nuestro Ser quiere lo mejor, por tanto nos pondremos en sus manos.

Compañía apropiada.

Rodearnos de gente positiva, abierta, con ganas de hacer cosas, entusiasta, respetuosa, gente que nos haga sentir bien. Sin complejos, intentando empaparnos de ellos, la energía se pega, se transmite. Cuando estamos cerca de ese tipo de personas nos sentimos más alegre y felices, y tratamos mejor a los que nos rodean. Hagamos también por ser un poco como esos que nos gustan, intentemos copiarles, imitarles, ver qué y cómo lo hacen. No pasa nada por tratar de parecernos a alguien que nos agrada.

Por otro lado, nadie nos obliga a estar con quien no queremos y si no tenemos más remedio que pasar un rato con quien no hemos elegido estar o no somos capaces de evitarlo por la circunstancia que sea, podemos utilizar ese tiempo para evaluarnos, observar qué nos hace sentir, por qué nos revuelve y qué nos mueve, usar a esa persona como nuestro maestro en ese momento, dado que el es como es y no lo «podemos» ni por supuesto debemos querer cambiar. Sí podemos en cambio practicar el modificar cómo sentirnos, como tratarnos ante algo o alguien que no nos resulta agradable. Dejando, permitiendo, respetando que el sea como quiere ser, sin involucrarnos en su historia, practicando la aceptología de la vida en todas sus manifestaciones y evitando darle el poder de molestarnos o enfadarnos, algo que sólo consigue si le dejamos, porque es decisión sólo mía sentirme de una u otra manera y de nadie más.

De la misma manera, nadie nos obliga a tener una conversación sobre algo que no nos apetece. Estamos en nuestro derecho de cambiar de tema, marcharnos, callarnos o expresar nuestro parecer. Seamos claros y tajantes, menos convencionalismos y más sano «egoísmo».

Cuando practicamos mantener esta conducta con regularidad, poco a poco se van acrecentando las cualidades que demandamos y empiezan a surgir por si solas. Al nutrir la energía que ocupa ese gran espacio vacío del que estamos compuestos, ese espacio no material, no físico que habita entre nuestros átomos, la vida y su expresión empieza a emanar desde dentro.

La sonrisa son sale más fácil, con una alegría interna reconfortante, nos da por interesarnos por otras materias y leer cosas diferentes, nos apetece echar una mano a los que están a nuestro alrededor, hay ciertos alimentos que ya nos dejan de gustar, tomamos más consciencia sobre el cuidado del cuerpo, somos más «egoístas» en el sentido que pensamos más en nosotros mismos que en los demás, no hacemos tanto lo que otros quieren sino lo que de verdad queremos nosotros, evitamos conversaciones, personas, programas de TV, compromisos, … disfrutamos más de estar solos, evaluamos con mejor criterio las decisiones que tomamos en función de las que nos hacen sentir mejor, reclamamos silencio, naturaleza, calma, paz, respeto, nos aleja de personas, nos acerca a otras.

Y no deberemos cuestionárnoslo, sólo permitir que esa parte de nosotros nos diga qué quiere, se exprese, apostaremos por lo que nos da paz sin dudarlo, sólo confiando en nuestras sensaciones, nuestra intuición, la voz interior que es la voz de nuestro alma.

Pero cuidado, las resistencias son fuertes, el ego gruñirá y urdirá tretas que nos obstaculizarán el camino, cuando menos lo esperemos y de la manera más sibilina. El propósito debe ser firme o al menos tener la consciencia para darnos cuenta y si es el caso ir poco a poco, sin «forzar» demasiado la voluntad. Es un tema de intención, de atención, también de intuición y de responsabilidad. De paciencia y propósito. Es dar el primer paso que los demás vendrán después por si solos.

La mejor manera de colaborar con el mundo es empezar por colaborar con nosotros mismos y elevar nuestra vibración, sentirnos mejor con nosotros mismos, llenarnos de alegría, de ganas de vivir. Eso será lo que podremos aportar al mundo, ¿qué hay mejor para dar?