Recuerdo que en enero de 2016 iba paseando solo por el centro de Madrid, como a veces me gusta hacer, y me invadió un estado de plenitud, de gratitud y valoración. No sé, solo sé que me sentí por unos momentos tan pletórico, tan dichoso de vivir, que me fui a casa y traté de plasmar como mejor supe aquella sensación.

Os comparto aquella carta porque puedo afirmar que, a pesar de lo que ha sucedido en estos años, refleja lo mismo que siento hoy. En esto, os puedo asegurar que nada ha cambiado.

En estos momentos de mi vida

En estos momentos de mi vida, puedo afirmar sin tapujos que me siento una de las personas más privilegiadas de la Tierra.

He nacido en un país y en una de las mejores ciudades del mundo para vivir, en un perfecto entorno de clase media, sin lujos ni demasiadas apreturas, con unos padres que me han cuidado, educado y ayudado a crecer, lo necesario para que yo aprenda a valerme por mí mismo y tome el mando de mi vida.

He sido fiel a mi intuición desde joven para conseguir llegar a hacer realidad mi vocación, mi sueño y me dedico a una de las profesiones más bonitas que existen, la Música. Desde siempre soy independiente y millonario en tiempo, imaginación y creatividad. La música llena mi vida y alimenta mi alma y a los que me rodean.

He tenido pocas relaciones de pareja, aunque sí muy largas y hoy en día creo haber aprendido lo que ellas tenían que enseñarme. Ahora encaro las nuevas relaciones de otra manera, con profundo respeto y sentido de la libertad individual, sin retener, controlar ni volcar en ellas mi felicidad. Las entiendo como reflejos que me hacen aflorar sensaciones, más ricas cuanto más intensas las vivencias y las emociones involucradas.

Tengo un hijo maravilloso, también artista, con el que tanto me he comprometido desde su nacimiento, en su crecimiento y educación y que ha respondido con creces a la ilusión que ambos depositamos en él. Su presencia me llena y me ha brindado conocer esa clase de amor que sólo un hijo es capaz de mostrar, el más parecido a ese Amor Universal, ese amor eterno y con mayúsculas, el objetivo final de nuestra vida.

No me he creado demasiadas fantasías económicas cuando las cosas han ido bien y ahora que ha disminuido las posibilidades, no tengo grandes problemas para que mis necesidades estén cubiertas y mi felicidad no se haya visto mermada, por la falta de identificación con el mundo material que siempre he tenido. Tengo mi casa pagada y la vida y las personas a mi alrededor me va proveyendo para que no me falte lo básico, incluso algo más y pueda dedicarme a lo que de verdad importa.

Físicamente soy bastante afortunado, alto, últimamente más delgado y si no guapo, al menos interesante. Me siento también bien conmigo mismo en ese aspecto y además todo mi cuerpo funciona perfectamente, hago el deporte que me gusta y de manera natural cuido mi alimentación. No me privo de los caprichos que quiera darme pero por mi proceso natural, he probado casi de todo y poco a poco he ido eliminando de mi vida lo más perjudicial, lo más tóxico para mi organismo y ahora, los excesos que quiera regalarme, pasan por vicios menores sin demasiadas consecuencias.

Me siento personal y profesionalmente gustado y admirado en un estimulante equilibrio, duermo perfectamente y me levanto pronto y con ganas de hacer cosas, aunque el día al final no me de para todo lo que proyecto. No tengo casi problemas físicos, pequeñas tonterías, pero hoy ya se que todos son míos, que yo los creo y que sólo quieren mostrarme el camino correcto, que la enfermedad es sólo un aviso de que algo no estoy haciendo de acuerdo a mi propósito interno, que de alguna manera no me estoy escuchando y siéndome del todo fiel, que no apuesto por lo que me hace feliz y que en mi mano está enderezarme y así volver a mi normal estado de salud.

También se que no existe la muerte, así que no le tengo ningún miedo, estoy convencido de que nada termina realmente y que esta vida es sólo una más de las vivencias de mi Alma eterna. Temo algo más a la vejez y la enfermedad, por eso me mantendré atento a no desviarme de mi camino, para que así cuando me tenga que cambiar de cuerpo, lo haga sin el sufrimiento ni el dolor de la falta de coherencia que la enfermedad nos recuerda.

He ido sabiendo filtrar, no sin valor, tesón y despertando mi consciencia, las lecturas, los maestros y enseñanzas que me han sido más útiles y creo que lo he hecho bien dado el resultado al que me han llevado. Ahora reconozco en mí al maestro e intento seguirle más de cerca, escucharle, no sin abandonar puntos de vista, opiniones y consejos, que aún sigo buscando para que continúen dándome pistas e instrucciones en este intenso y apasionante camino del conocimiento interior.

Vigilo celosamente mis pensamientos para que no me nublen la vista e intento ir alejando poco a poco las situaciones y personas que no me son convenientes y soy capaz de decir que no a su compañía, sean quienes sean e independientemente del tiempo que lleve con ellas, sin por ello sentirme mal. A su vez voy alineándome con otras que me son más afines, con los que encuentro más sintonía y que están en un proceso más parecido al mío.

Busco en definitiva todo lo que me brinde más paz interior, aquello que me haga sentir bien, ideas, decisiones, situaciones, … porque creo que así podré sentir más felicidad y de esa manera podré transmitirla. Para amar al prójimo como a uno mismo primero habrá que sentirlo dentro de cada uno y la paz es para mi un necesario punto de partida.

Por supuesto no he eliminado mis miedos ni mis fantasmas, lo cual hace de la vida todavía más interesante, con más propósito y más motivaciones. Sigo derribando barreras, reconociendo partes de mi aún sepultadas bajo toneladas de creencias y emociones ancestrales, que poco a poco se van dejando ver y me van mostrando quien soy en verdad y como puedo acercarme cada vez más a mí mismo.

Ultimamente sigo haciendo canciones, tocando música y además escribo mucho, pongo en orden mis pensamientos y sensaciones. Reconozco que a lo largo de mi vida he tenido mucha suerte, muchas personas me han ayudado, me han dado lo que han tenido, han compartido sus bienes conmigo y con quien estuviera a mi lado en esos momentos, he sido cuidado y protegido y lo sigo siendo todavía y me siento tan agradecido que ahora procuro más que nunca dar yo lo que puedo y compartir lo que tengo. Mi vida se llena también con aportar y contribuir a la felicidad ajena desde la mía propia.

Busco reconocerme en las relaciones, asumiendo la realidad de que todo lo que sucede es para mi, que ningún acto ajeno tiene ningún poder a menos que yo se lo de, que las circunstancias y las personas que aparecen son perfectas, necesarias y sólo están para mostrarme mi camino, qué tal voy, cómo de alineado estoy con la vida y cuánto la acepto tal y como se presenta. Mi reacción ante ella me indicará si he entendido la lección, si he aprendido o no. En el momento en el que sea consciente, se que desaparecerán los conflictos derivados de las situaciones que me son más complicadas.

Por todo ello, en estos momentos de mi vida me siento rico, dichoso, muy consciente de la realidad y de sus facetas, despierto, lleno de vida y de ganas de vivir. Aprendiendo todavía a estar bien conmigo mismo, en soledad, a cultivar mi calma interior como lo más valioso para ofrecer al mundo, a dar sin esperar, a respetar a cada uno en el momento de su vida en el que está sin forzar ni juzgar y a ser también valiente para enfrentarme conmigo mismo. A vigilar mi mente, a domarla, a tomar el mando, yo, la intangible chispa divina que habita dentro de mi cuerpo y que me muestra el verdadero camino hacia los valores auténticos y eternos de Paz, Felicidad, Dicha y Amor.